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¿Qué significa realmente "Hatha"?

  • 30 abr
  • 4 Min. de lectura
sadhu/hatha yogi

Si has estudiado yoga durante un tiempo, probablemente te hayas topado con dos explicaciones del término haṭhayoga. La primera, que viene de los diccionarios sánscritos del siglo XIX, traduce haṭha como "fuerza" o "violencia" y entiende el Haṭhayoga como un yoga "duro", de esfuerzo extremo, casi de auto-mortificación. La segunda, mucho más popular en la divulgación contemporánea, dice que ha es el sol, ṭha es la luna, y el Haṭhayoga es la unión de ambos en el cuerpo.

Las dos interpretaciones tienen detalles. Un ensayo del indólogo Jason Birch, publicado en el Journal of the American Oriental Society en 2011, y trabajos posteriores de James Mallinson en el Hatha Yoga Project, revisan los textos sánscritos anteriores al Haṭhapradīpikā (siglo XV) y muestran que ambas lecturas requieren un análisis profundo de sus contextos y aplicaciones.

El Haṭhayoga no es "yoga forzado"

La idea de que haṭha significa "esfuerzo violento" viene en buena parte de Monier-Williams, que en 1899 lo describió como un yoga practicado "con mucho auto-tormento, como pararse en una pierna, mantener los brazos arriba, inhalar humo con la cabeza invertida". El problema es que ninguna de esas prácticas aparece en el corpus de textos haṭhayóguicos. Pertenecen a descripciones de tapas en los Purāṇa-s, austeridades de ascetas, no al yoga del Haṭhapradīpikā ni de sus antecesores.

Cuando uno lee los textos haṭhayóguicos buscando el adverbio haṭhāt ("con fuerza"), casi nunca aparece. En su lugar abunda yatnena o prayatnena, que se traducen como "con empeño", "con diligencia", "esmeradamente" — un esfuerzo aplicado y atento, distinto del forzamiento. Y aparece con enorme frecuencia śanaiḥ śanaiḥ: "muy gradualmente", "muy despacio". El Haṭhapradīpikā advierte que el prāṇāyāma debe domesticarse "como se doma a un león, un elefante o un tigre: muy gradualmente. De lo contrario, mata al practicante". El propio texto incluye el sobreesfuerzo (prayāsa) entre los seis factores que arruinan el Haṭhayoga.

Los textos advierten explícitamente contra forzar la práctica.

Las raíces budistas del término

Investigaciones más recientes de James Mallinson, en el marco del Hatha Yoga Project, han mapeado dónde aparece efectivamente el término haṭhayoga en la literatura india previa al Haṭhapradīpikā. La evidencia apunta a un origen predominantemente budista.

La primera ocurrencia conocida está en el Bodhisattvabhūmi, un texto Yogācāra del siglo III. A partir del siglo VIII, haṭhayoga aparece en al menos diecisiete textos vajrayāna — el budismo tántrico — entre los que destacan el Guhyasamājatantra, el Kālacakratantra, y los comentarios de Puṇḍarīka, Maitreyanātha y Rāmapāla. En estos textos, haṭhayoga designa una práctica muy específica: la retención de los fluidos sexuales durante el ritual tántrico, mediante el desvío del prāṇa hacia el canal central. Es un método que se prescribe cuando los demás han fallado, una técnica de último recurso.

El contraste con la literatura śaiva es marcado. Mallinson señala que el término haṭhayoga no ha sido encontrado en ningún tantra śaiva estudiado hasta la fecha. Cuando los textos śaivas se refieren a prácticas similares — prāṇāyāma, mudrā, contención de los flujos vitales — las llaman kaṣṭayoga, "yoga penoso", y por lo general las rechazan o las relegan a un plano inferior. Abhinavagupta, en su comentario a la Bhagavadgītā, opone el kaṣṭayoga al acceso fácil al brahman mediante meditación simple.

Hay una pista lingüística que confirma el linaje budista del término. Vajrolīmudrā, una de las técnicas más características del Haṭhayoga, lleva en su nombre la palabra olī, que en una lengua vernácula del oeste de la India significa "linaje". Vajrolī se traduce literalmente como "linaje vajra" — es decir, linaje vajrayāna. La práctica nombra a su origen.

El primer texto no budista que utiliza haṭhayoga como nombre de un sistema propio es el Amaraughaprabodha, una obra nāth śaiva probablemente compuesta en Kadri (Mangalore), región donde el budismo vajrayāna floreció durante siglos antes de ser absorbido por el shivaísmo nāth. El autor del Amaraughaprabodha tomó de forma explícita

versos del Amṛtasiddhi — un texto de matriz budista — y adoptó el nombre haṭhayoga del entorno vajrayāna circundante.

La etimología sol-luna también es tardía

La explicación de ha como sol y ṭha como luna suena ancestral, pero su trayectoria textual es modesta. Aparece por primera vez en el Yogabīja, un texto de los siglos XIV-XV que ya es bastante posterior a los primeros textos haṭhayóguicos. No está en el Amṛtasiddhi, no está en el Dattātreyayogaśāstra, no está en el Vivekamārtaṇḍa. Y, como vimos, tampoco aparece en las primeras menciones del término en los tantras budistas.

Esto no quiere decir que la asociación sol-luna sea inventada. La idea de que el yoga es la unión del sol y la luna interiores está presente en el Amṛtasiddhi y en buena parte del corpus tantrico previo. Pero conectar esa unión específicamente con las sílabas ha y ṭha es una racionalización posterior, no la razón por la cual el yoga se llamó así originalmente.

Entonces, ¿qué significa "hatha"?

La pista está en cómo los textos usan la palabra cuando sí aparece. En el Vivekamārtaṇḍa, el yogui "abre la puerta de la liberación" con kuṇḍalinī como quien abre una puerta con una llave: haṭhāt, con fuerza. El mūlabandha hace que el apāna— que normalmente baja — suba "con fuerza". Kuṇḍalinī, que normalmente duerme, despierta y sube haṭhāt. El bindu, que tiende a caer, es retenido y elevado haṭhāt.

El patrón es claro: la "fuerza" del Haṭhayoga describe el efecto de las técnicas sobre procesos fisiológicos y energéticos que normalmente van en otra dirección, no el esfuerzo del practicante. Es el yoga que invierte flujos: lo que baja sube, lo que duerme despierta, lo que se disipa se retiene. Esa inversión requiere precisión y paciencia.

Por qué importa para quien practica hoy

La traducción descontextualizada de haṭha como "yoga forzado" tuvo una consecuencia desafortunada: durante décadas, el Haṭhayoga fue presentado en Occidente como la versión "física" o "menor" frente a un Rājayoga supuestamente "mental" y superior. Esa jerarquía existió en algunos textos medievales — el Amanaskayoga fue particularmente duro con el Haṭhayoga — pero Svātmārāma la desmontó en el siglo XV al mostrar que Haṭha y Rāja se necesitan mutuamente.

Recuperar el sentido original de haṭha devuelve al practicante una idea más moderada en torno a la práctica del Haṭhayoga, y un sentido de aprecio hacia este proceso.

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