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El Aṣṭāṅga de Patañjali: una revisión crítica

  • hace 9 horas
  • 6 Min. de lectura

Cuando alguien menciona "Ashtanga Yoga" hoy, la imagen que aparece en la mente de la mayoría es una serie de posturas vinculadas por el aliento, practicadas en estudio con piso de madera y algo de música ambiental. Es una práctica valiosa y con beneficios, que poco —o casi nada— tiene que ver con lo que Patañjali describió hace unos dieciséis siglos bajo ese mismo nombre.


Vale la pena explorar qué es el Aṣṭāṅga de Patañjali, de dónde viene, para quién fue escrito, y qué significa cada uno de sus ocho componentes. No para desacreditar lo que ocurre en los estudios de yoga contemporáneos, sino porque entender el origen de una idea cambia —o debería cambiar— la manera en que uno se relaciona con ella.



yoga moderno


Un texto, un autor, un propósito muy específico

El Aṣṭāṅga aparece en el Pātañjalayogaśāstra, una obra del siglo IV-V de la era común. Durante mucho tiempo se entendió como un tratado doble: los famosos Yoga Sūtra de Patañjali, más un comentario (Bhāṣya) atribuido a Vyāsa, el afamado organizador del Veda. Sin embargo, el trabajo filológico de Philipp Maas ha levantado evidencia convincente de que se trata de una sola obra, de un único autor: Patañjali mismo. La evidencia más directa es que ambas partes —sūtras y bhāṣya— fueron citadas juntas como una unidad por autores medievales desde el siglo VIII, y que gramaticalmente dependen entre sí. Sin el comentario, los sūtras son prácticamente indescifrables.


¿Para quién escribió Patañjali este texto? De seguro no para nosotr@s, practicantes de Yoga en un contexto urbano, moderno y globalizado del siglo XXI. El Pātañjalayogaśāstra (el nombre que aparece en los principales manuscritos) se dirige notoriamente a varones, renunciantes de la orden sacerdotal (brāhmaṇa-s), que habiéndose retirado de la sociedad, buscaban la liberación. El texto floreció bajo el Imperio Gupta (siglos III-VI), en un contexto cultural marcado por la religiosidad brahmánica ortodoxa y el ascetismo. La influencia del pensamiento budista es también evidente: los paralelismos conceptuales entre el Pātañjalayogaśāstra y la literatura Abhidharma budista tienen suficientes similitudes para no ser solo coincidencias, si bien existen también diferencias filosóficas basales muy importantes a explorar.


El yoga de Patañjali describe algo que el propio texto llama cittavṛttinirodha: el cese de las fluctuaciones del campo mental. Un estado que Birch y Hargreaves describen como "un estado aparentemente catatónico de inactividad física y mental" ("The Yamas and Niyamas: Patanjali's View", Yoga Scotland, No. 49, 2016). No exactamente lo que se entiende por yoga en el presente.


Patanjali en piedra

La base filosófica: Sāṃkhya-Yoga

No se puede entender el Aṣṭāṅga sin su andamiaje filosófico. El yoga de Patañjali descansa sobre el sistema Sāṃkhya: una metafísica dualista que distingue entre Puruṣa (conciencia pura, inmutable, eterna) y Prakṛti (la naturaleza, la materia, todo lo que cambia). El sufrimiento existe porque Puruṣa se identifica con los contenidos de la mente —con Prakṛti— y cree ser aquello que observa. La liberación (kaivalya) es el reconocimiento pleno y definitivo de que uno es simplemente el observador, no lo observado.

El Aṣṭāṅga es la metodología para producir esa discriminación (viveka). Cada uno de sus ocho pasos es un aṅga, literalmente "miembro" o "auxiliar" del sistema. No son etapas lineales obligatoriamente secuenciales —aunque hay una progresión lógica implícita— sino componentes interdependientes de una misma práctica.

Los ocho aṅgas de Patañjali

1. Yama — Las restricciones

El sūtra 2.30 enumera cinco yamas: ahiṃsā (no causar daño), satya (veracidad), asteya (no robar), brahmacarya (continencia) y aparigraha (no posesividad). El Bhāṣya los describe como un mahāvrata, un "gran voto", aplicable en todo lugar, tiempo y circunstancia.

Lo que el Pātañjalayogaśāstra establece es una ética propia del universo ascético del que emerge. Ahiṃsā, por ejemplo, implica no causar daño a ningún ser, en ninguna forma, en ningún momento. Esta lectura, compartida también por la tradición jaina, es bastante más absoluta que la que encontramos en textos como el Mahābhārata o la Bhagavad Gītā, donde la ahiṃsā se pondera junto con el deber (dharma) en cada circunstancia.

2. Niyama — Las observancias

Los cinco niyamas (2.32) son: śauca (limpieza, interna y externa), santoṣa (contentamiento), tapas (austeridad), svādhyāya (auto-indagación, estudio de textos de liberación o recitación de vaidika mantra-s) e īśvarapraṇidhāna (entrega a un principio superior). Los tres últimos conforman también el sistema de Kriyāyoga (2.1), el yoga "de/en acción" que aparece al inicio del segundo capítulo como práctica preparatoria o paralela.


3. Āsana — El asiento

Llegamos al punto donde más divergen el Patañjali histórico y el yoga postural moderno.

El sūtra 2.46 dice: sthira-sukham āsanam — la postura debe ser estable y cómoda. El 2.47 explica cómo lograrla: por la relajación del sobre-esfuerzo y el enfoque en lo infinito. El 2.48 concluye: cuando la postura se integra, dejamos de vernos afectad@s por los pares opuestos.

Tres sūtra-s que no hablan de ejercicios corporales o posturas con búsquedas terapéuticas, sino de una disposición corporal y mental para buscar la quietud. El Bhāṣya lista algunos ejemplos de āsanas: Padmāsana, Vīrāsana, Bhadrāsana, entre otras. Son todas posturas sentadas para la meditación. Philipp Maas lo documenta en detalle en "Sthirasukhamāsanam: Posture and Performance in Classical Yoga and Beyond" (Yoga in Transformation, 2018): en el sistema de Patañjali, āsana es un asiento para la práctica contemplativa, no una práctica en sí misma. No hay secuencias dinámicas, no hay flujo vinculado a la respiración, no hay trabajo corporal como categoría independiente.

El catálogo de centenares de posturas que hoy se enseñan como "yoga" es un fenómeno medieval tardío —desarrollado principalmente en la tradición Haṭhayoga entre los siglos XI y XV— y más aún del siglo XX. No tiene origen en el Pātañjalayogaśāstra.


4. Prāṇāyāma — La regulación del aliento

Prāṇāyāma viene después de āsana, y esa secuencia es significativa: cuando el cuerpo está quieto y estable tiene sentido trabajar con la respiración. Los sūtras 2.49-2.53 describen tres movimientos básicos —externo, interno y detenido— que se regulan según lugar, duración y número, tornándose progresivamente más lentos y sutiles. El sūtra 2.52 señala que la práctica correcta del prāṇāyāma disuelve el velo que cubre la luz interna. La respiración no es solo una herramienta fisiológica; es el puente entre el cuerpo y la mente, entre lo somático y lo contemplativo.


5. Pratyāhāra — La retirada de los sentidos

Los dos sūtras del pratyāhāra (2.54-2.55) describen un proceso en el que los órganos de los sentidos dejan de perseguir sus objetos externos y se reabsorben en el campo mental del que emergieron. No se trata de bloquear los sentidos, sino de que pierdan su tendencia centrífuga —su impulso de salir hacia el mundo— y se vuelvan disponibles para la dirección interna.

Es el umbral que separa los cuatro primeros aṅgas (externos o bahiraṅga) de los tres últimos (internos o antaraṅga).


6, 7 y 8. Dhāraṇā, Dhyāna y Samādhi — La tríada contemplativa

Los últimos tres aṅgas aparecen en el tercer capítulo (Vibhūtipāda), lo que ya dice algo sobre su naturaleza. No son técnicas de práctica; son estados o procesos que emergen de la práctica.

Dhāraṇā (3.1) es la concentración: mantener la atención fija en un objeto o lugar. Dhyāna (3.2) es el flujo continuo e ininterrumpido de esa atención sobre el mismo punto —la meditación no es otra cosa que la maduración de la concentración. Samādhi (3.3) es cuando solo persiste la esencia del objeto, sin forma, sin el esfuerzo de quien contempla. Los tres juntos, aplicados al mismo objeto, constituyen el saṃyama, la herramienta refinada del yogui avanzado.

El Pātañjalayogaśāstra distingue múltiples formas de samādhi —con objeto (samprajñāta) y sin objeto (asamprajñāta)— y el nivel más alto, el dharmamegha samādhi, muestra vínculos precisos con la literatura budista. Según Dominik Wujastyk, "Este nivel de logro, casi final en el sistema de Patañjali, corresponde al nivel final de realización del meditador budista descrito en el Daśabhūmikasūtra" ("Some Problematic Yoga Sūtras and Their Buddhist Background", en Yoga in Transformation, 2018). La permeabilidad entre tradiciones en la India antigua era real y profunda; las fronteras doctrinales eran más porosas de lo que los defensores de las "tradiciones puras" quisieran admitir.


¿Y qué hacemos con todo esto?

La distancia entre el Aṣṭāṅga de Patañjali y el yoga que se practica hoy en la mayoría de los estudios del mundo es enorme. No es una crítica moral, sino simplemente un dato histórico y escritural. Las tradiciones evolucionan, se adaptan, incorporan nuevos contextos. El problema no es el cambio, sino la confusión: creer que se está haciendo lo mismo que Patañjali describió cuando, en realidad, se está haciendo algo bastante diferente.


Patañjali no escribió para aliviar el estrés de los ejecutivos del siglo XXI, ni para mejorar la flexibilidad de nadie. Escribió para renunciantes brāhmaṇas que buscaban la liberación definitiva del ciclo de renacimientos, en un contexto filosófico y cultural específico que no existe ya. Leerlo como si fuera un manual universal atemporal es, como mínimo, anacrónico.


Eso no significa que el texto sea irrelevante hoy. La arquitectura del Aṣṭāṅga —la idea de que la ética precede a la meditación, que el cuerpo debe estar quieto antes de que la mente pueda serlo, que los sentidos deben retirarse para que la atención se vuelva hacia adentro— sigue siendo un mapa extraordinariamente preciso de lo que ocurre en cualquier práctica contemplativa seria. Lo que cambió es el contexto, el propósito declarado, y el público al que se dirige.


Conocer la diferencia entre ambas cosas es, curiosamente, una forma de honrar a ambas.


mudra en deidad

Fuentes principales: Birch, J. y Hargreaves, J., "The Yamas and Niyamas: Patanjali's View", Yoga Scotland Magazine, No. 49 (2016); Maas, Ph. A., "Sthirasukhamāsanam: Posture and Performance in Classical Yoga and Beyond", en Baier/Maas/Preisendanz (eds.), Yoga in Transformation (2018); Wujastyk, D., "Some Problematic Yoga Sūtras and Their Buddhist Background", en íbid.; Maas, Ph. A., "A Concise Historiography of Classical Yoga Philosophy" (2013).

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